Bonos que generan miseria

Bonos, Derechos, Derechos Humanos, Investigaciones, Misiones

Caracas 20 de mayo 2019. –  La necesidad y el hastío son las características esenciales de los ciudadanos que a diario hacen largas filas en Caracas. Colas para los bancos, para comprar alimentos y medicinas, para llenar recipientes con agua en lugares públicos, para utilizar un escaso y paupérrimo transporte público, para escanear el Carnet de la Patria. Esa es hoy Venezuela.

Luego de las declaraciones emitidas por Nicolás Maduro en las que afirmó que “todo se hará con el Carnet de la Patria, programas, bonos y misiones” y que “el Carnet de la Patria llegó para proteger y dar felicidad a nuestro pueblo”, ese mismo pueblo se cuestiona en las prolongadas filas si las políticas de Maduro son de protección.

En una entidad bancaria al sur de la ciudad una señora de 72 años hacía la fila para retirar efectivo de su pensión de vejez. Solo le permitieron 4 mil bolívares. Ella es jefa de familia y aparte de la pensión que recibe por haber trabajado muchos años en una compañía, participa en el programa Hogares de la Patria, bono que no percibe desde enero de este año. Se vio obligada a registrarse en el Carnet de la Patria cuando el dinero no le alcanzaba y el costo de las medicinas era cada vez más elevado. Poseedora del Carnet, una sola vez logró conseguir unos antihipertensivos a través del programa 0800SaludYa. Es una adulta mayor que se encarga de 2 nietos pequeños mientras su única hija trabaja a destajo. “Creí que con los bonos nos íbamos a redondear un poco con los gastos de la casa, pero todo es mentira y politiquería. Llevo meses que no me depositan el dinero, ¿dónde está la protección?”

El Estado tiene el deber de garantizar los recursos económicos destinados a la seguridad social, como derecho humano y como protección a las poblaciones más desvalidas.  El Carnet de la Patria y bonos económicos como mecanismos para garantizar el derecho a la seguridad social constituye una medida coactiva y regresiva de los principios fundamentales de los derechos humanos.

La coacción en Venezuela se ha hecho una práctica constante

Un denunciante que prefirió reservar su nombre lleva 13 años ejerciendo profesionalmente en la administración pública, percibe un salario un poco más elevado del sueldo mínimo y fue “obligado”, hace más de un año, a registrarse en el Carnet de la Patria. Desde entonces, ha recibido dos bonificaciones: bono navideño y del trabajador. “No he recibido casi bonos, tampoco tenía la esperanza de que siempre me lo dieran. Tengo que trabajar por mi cuenta los fines de semana para mantener mi hogar. En el ministerio nos ofrecieron una bolsa de comida a precio más bajo y transporte hasta mi zona si asistíamos a todas las actividades políticas”

Mientras se deterioran de forma acelerada las condiciones de vida de los grupos más vulnerables, Nicolás Maduro cree proteger a la población con medidas asistencialistas y cortoplacistas.  “Yo les doy sus bonitos ahí. Vamos a mejorar esos montos, ya, a partir de este mes de mayo. Yo busco mil formas de protegerlo. Pero hay que estar claros que hay una guerra económica”.

Las políticas sociales no han creado un piso de protección social que pueda garantizar condiciones para un nivel de vida digno. Las asignaciones contributivas de las misiones o programas sociales reflejan un indicador cuantitativo de la población objeto beneficiada, dejando de lado aspectos cruciales como son los criterios de selección, diagnóstico social de los beneficiarios y mecanismo de seguimiento que faculten conocer las necesidades socioeconómicas.

En Venezuela, poco importa un Sistema de Seguridad Social que garantice atención a las diversas contingencias y mucho menos a la pobreza como problema social. La coacción social se ha hecho política de Estado y queda demostrado con la recrudecida realidad y los testimonios antes descritos. Nada resume mejor lo que sucede en Venezuela que lo estudiado por el sociólogo y filósofo Emilio Durkheim:

“Los movimientos inhibidores no pueden confundirse con los que constituyen la coacción social. El proceso de los primeros es centrífugo, el de los segundos, centrípeto. Unos se elaboran en la conciencia individual y tienden después a exteriorizarse; los otros son primero exteriores al individuo, al que tienden después a moldear desde fuera”.

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