Más de 100 familias refugiadas esperan por viviendas en Carabobo

Unas 112 familias valencianas que lo perdieron todo por las lluvias permanecen en un refugio en condiciones precarias desde el 2 de mayo de 2016, a la espera de que la Gobernación de Carabobo cumpla su promesa de asignarle un apartamento amoblado de la Gran Misión Vivienda Venezuela.

Las instalaciones de lo que será una Aldea Universitaria, ubicada cerca del Hipódromo de Valencia, se convirtieron en un urbanismo para cientos de habitantes de las comunidades La Mirandina y Los Samanes Sur, quienes fueron trasladados a este sitio temporalmente, luego de que un fuerte aguacero anegara sus casas, el 20 de abril del año pasado.

En un aula de clases prevista para unos 30 estudiantes, conviven hasta seis familias. Un grupo familiar por litera, ésa es la norma. En el reducido espacio duermen los vecinos, separados por tan solo unas sábanas que hace la función de pared.

Un rinconcito sirve de área común dentro del cuarto número 3, allí una pequeña cocina de dos hornillas conectada a una bombona de 10 kilos, es utilizada para preparar la comida de 11 niños y 12 adultos que viven literalmente unos encima de otros.

Al consultarle a una de las afectadas cómo hacen para dormir, la respuesta es cruda: Los adultos en las camas y los niños en el piso. La situación es similar en las otras 14 habitaciones del improvisado albergue.

Los baños prácticamente no existen, hombres, mujeres y niños deben dirigirse a un terreno enmontado para hacer sus necesidades, con el riesgo de ser mordidos por culebras o atacados por el hampa, especialmente las mujeres, quienes siempre van en pareja para protegerse las unas a las otras.

No hay agua. Se la suministran camiones cisternas que llenan unos tanques plásticos dispuestos a la entrada del edificio. Las madres denuncian que muchos de los infantes padecen escabiosis y sufren constantes diarreas por la calidad del vital líquido. La insalubridad en el lugar se percibe fácilmente por los olores.

Los problemas no son solo de estructura física. El hacinamiento ha ocasionado lamentables conflictos sociales. Al menos siete hombres han abandonado a sus familias en los últimos nueve meses. Las mujeres explican que sus maridos prefirieron irse a vivir en otras casas, comenzar de cero, antes que mantenerse en este sitio donde la palabra intimidad, sencillamente no existe.

También son frecuentes las discusiones maritales, peleas entre vecinos, y por supuesto, los hurtos. Los cuartos nunca se quedan solos, siempre debe permanecer alguien, «por si se pierde algo». Los residentes aseguran que con el tiempo la convivencia se hace cada vez más difícil.

Llevar a los niños a la escuela es un viacrucis, porque los centros educativos quedan bastante alejados de la zona, lo que implica una larga caminata o en el mejor de los casos pagar cuatro pasajes diarios para garantizar la formación a los pequeños.

De las 112 familias que estaban en un principio, hoy solo 57 habitan en la Aldea, el resto se ha ido, vuelven ocasionalmente cuando hay censo, llega la bolsa de comida de los Clap o reciben algún otro beneficio.

El gobernador de Carabobo, Francisco Ameliach, celebró el 23 de febrero en transmisión televisiva, la entrega de 326 casas en el sector Valle Encantado de la parroquia Rafael Urdaneta, y aseguró que van más de 92 mil viviendas adjudicadas en la región. Sin embrago, en el refugio del Hipódromo, como también se le conocen siguen esperando respuestas.

La última promesa a los damnificados se hizo a nombre de Glorybeth Vásquez, secretaria de Desarrollo Social y Participación Popular del Ejecutivo carabobeño, quien aseguró que en el primer trimestre de este año los refugiados saldrían de la aldea directo a una vivienda digna.

Más de 100 familias refugiadas esperan por viviendas en Carabobo

Unas 112 familias valencianas que lo perdieron todo por las lluvias permanecen en un refugio en condiciones precarias desde el 2 de mayo de 2016, a la espera de que la Gobernación de Carabobo cumpla su promesa de asignarle un apartamento amoblado de la Gran Misión Vivienda Venezuela.

Las instalaciones de lo que será una Aldea Universitaria, ubicada cerca del Hipódromo de Valencia, se convirtieron en un urbanismo para cientos de habitantes de las comunidades La Mirandina y Los Samanes Sur, quienes fueron trasladados a este sitio temporalmente, luego de que un fuerte aguacero anegara sus casas, el 20 de abril del año pasado.

En un aula de clases prevista para unos 30 estudiantes, conviven hasta seis familias. Un grupo familiar por litera, ésa es la norma. En el reducido espacio duermen los vecinos, separados por tan solo unas sábanas que hace la función de pared.

Un rinconcito sirve de área común dentro del cuarto número 3, allí una pequeña cocina de dos hornillas conectada a una bombona de 10 kilos, es utilizada para preparar la comida de 11 niños y 12 adultos que viven literalmente unos encima de otros.

Al consultarle a una de las afectadas cómo hacen para dormir, la respuesta es cruda: Los adultos en las camas y los niños en el piso. La situación es similar en las otras 14 habitaciones del improvisado albergue.

Los baños prácticamente no existen, hombres, mujeres y niños deben dirigirse a un terreno enmontado para hacer sus necesidades, con el riesgo de ser mordidos por culebras o atacados por el hampa, especialmente las mujeres, quienes siempre van en pareja para protegerse las unas a las otras.

No hay agua. Se la suministran camiones cisternas que llenan unos tanques plásticos dispuestos a la entrada del edificio. Las madres denuncian que muchos de los infantes padecen escabiosis y sufren constantes diarreas por la calidad del vital líquido. La insalubridad en el lugar se percibe fácilmente por los olores.

Los problemas no son solo de estructura física. El hacinamiento ha ocasionado lamentables conflictos sociales. Al menos siete hombres han abandonado a sus familias en los últimos nueve meses. Las mujeres explican que sus maridos prefirieron irse a vivir en otras casas, comenzar de cero, antes que mantenerse en este sitio donde la palabra intimidad, sencillamente no existe.

También son frecuentes las discusiones maritales, peleas entre vecinos, y por supuesto, los hurtos. Los cuartos nunca se quedan solos, siempre debe permanecer  alguien, «por si se pierde algo». Los residentes aseguran que con el tiempo la convivencia se hace cada vez más difícil.

Llevar a los niños a la escuela es un viacrucis, porque los centros educativos quedan bastante alejados de la zona, lo que implica una larga caminata o en el mejor de los casos pagar cuatro pasajes diarios para garantizar la formación a los pequeños.

De las 112 familias que estaban en un principio, hoy solo 57 habitan en la Aldea, el resto se ha ido, vuelven ocasionalmente cuando hay censo, llega la bolsa de comida de los Clap o reciben algún otro beneficio.

El gobernador de Carabobo, Francisco Ameliach, celebró el 23 de febrero en transmisión televisiva, la entrega de 326 casas en el sector Valle Encantado de la parroquia Rafael Urdaneta, y aseguró que van más de 92 mil viviendas adjudicadas en la región. Sin embrago, en el refugio del Hipódromo, como también se le conocen siguen esperando respuestas.

La última promesa a los damnificados se hizo a nombre de Glorybeth Vásquez, secretaria de Desarrollo Social y Participación Popular del Ejecutivo carabobeño, quien aseguró que en el primer trimestre de este año los refugiados saldrían de la aldea directo a una vivienda digna.

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