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El apartheid revolucionario

La subordinación en la Revolución viene en código QR (Quick Response Code). La tarjeta electrónica que el gobierno de Nicolás Maduro denominó Carnet de la Patria, en sus inicios presentado nada menos que para racionar la comida, ha extendido su radio de acción intentando penetrar en distintos ámbitos de la cotidianidad del venezolano, lo que la coloca como algo más que una herramienta para favorecer a la ciudadanía.

La Constitución Venezolana establece en su artículo 21 que todas las personas son iguales ante la ley y que no se permitirá ningún tipo de discriminación. Frente a ese precepto fundamental se erige la imposición de presentar esa tarjeta para acceder a bienes y serviciosque el Estado está obligado a ofrecer sin distinción.

Al parecer el fin es que todos estén bajo la sumisión de la herramienta que mejor le ha funcionado al chavismo para someter a los venezolanos, solo comparable con experiencias de control social aplicadas en sociedades no democráticas como Cuba. Su uso llega a tal punto- más allá de ser exigido para comidas, vacunas, viviendas, bonos, universidades, y demás aspectos de la vida común- que  con ese carnet se busca  consolidar la lealtad en las urnas electorales.

El llamado Carnet de la Patria se perfila entonces como el sustento de un movimiento político, que ha encontrado en el dominio del sistema electoral la mejor de manera dar supuesta legitimidad a su permanencia en el poder.

Transparencia Venezuela le siguió la pista a este mecanismo de coacción del chavismo, que según el presidente Nicolás Maduro tiene el  objetivo de elevar la organización “del poder popular social”. Indagamos sobre sus antecedentes, su estructura, sus promotores, el secretismo y la discrecionalidad en el manejo de los recursos invertidos en esta tarjeta electrónica. Un aparataje que ya es utilizado para arrodillar a los ciudadanos, irrespetando sus más elementales derechos.

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