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Zulia | Maracaibo: Apagón en el apagón

Transparencia Venezuela, 07 de mayo de 2019.- El angelito de Amparo, una figura de 120 metros de altura y construida hace 46 años con 1.800 bombillos incandescentes, solo se encendía en noviembre para anticipar la época navideña. También era el signo de la estabilidad del sistema eléctrico en Maracaibo.

La noche del 4 de mayo, el ángel se iluminó por una hora en medio de la oscurana en la que estaba sumida la mayor parte de la ciudad. Cualquiera podía notarlo, preso del asombro, en el horizonte plano de la capital del estado Zulia.

Desde su sede operacional en el sector Amparo, los empleados de Corpoelec quisieron homenajear a uno de los trabajadores que hace décadas ayudaron a erigir la gran estructura de luces. Antonio Cárdenas, veterano de la extinta Enelvén, había fallecido en la tarde.

Sorprendidos, desconcertados y molestos por lo que parecía una broma de muy mal gusto, muchos marabinos criticaron el extraño “encendido” del célebre símbolo. Como cada día desde que se hizo cotidiana la emergencia eléctrica, y sobre todo, desde el apagón general del 7 de marzo, grandes zonas de Maracaibo permanecían sin luz debido a un racionamiento que discurre entre la opacidad y la incertidumbre.

Mientras en las redes sociales todos intercambiábamos impresiones acerca del fugaz alumbrado, miles de residentes de Santa Fe, La Paz y Cumbres de Maracaibo, sectores residenciales ubicados en la zona donde está la estructura del ángel de luz, al oeste de la ciudad, llevaban hasta 12 horas sin corriente eléctrica.

Al mismo tiempo, las familias de cuatro viviendas que en El Naranjal quedaron marginadas de la reparación de una falla local, la que antes afectó por cuatro días completos a cientos de habitantes de esa urbanización del norte de Maracaibo, tuvieron que resignarse a seguir esperando. La cuadrilla de trabajadores de Corpoelec que atendía el caso abandonó el lugar a las 5 de la tarde para asistir al funeral del señor Cárdenas.

Los vecinos de El Naranjal habían salido a protestar en la tarde del lunes 29 de abril, cuando ya no aguantaban el calor y las miserias propias de pasar demasiadas horas sin electricidad. Se les unieron decenas de habitantes del mismo sector, especialmente los de La California, Villa Delicias y La Trinidad. Al rato los encararon unos motorizados de la policía regional. Y poco después, los manifestantes fueron flanqueados también por un pelotón del Destacamento de Seguridad Urbana (Desur) de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB).

Un grupo de los afectados con más de 60 horas de privación eléctrica dio detalles a los uniformados. Defendían la justa razón de su protesta. El capitán Córdova, líder del piquete de militares, los acompañó hasta el poste número F13M04, donde se apreciaba claramente la causa de tantos días a oscuras.

El sábado 27, a las 2.00 am, una súbita fluctuación eléctrica sobrecargó un cable subterráneo de tensión media y disparó uno de los tres portafusibles cortacorriente –las populares “iguanas”– en la cima del poste. Ciento cincuenta viviendas de la urbanización empezaron así su apagón dentro del apagón.

“Imaginen la incertidumbre que da no poder saber si hay servicio en el resto de Maracaibo, porque nosotros ya llevamos mucho tiempo sin luz”, decía un hombre de alrededor de 70 años que, con bandera nacional en mano, cerraba el paso en la Circunvalación 2 junto a numerosos manifestantes.

En todo el estado Zulia ocurren casos como este desde que se inició la emergencia eléctrica, reconocida en 2010 con un decreto presidencial de Hugo Chávez. La redundancia de fallas que liquidan miles de aparatos domésticos y dejan sectores completos sin conexión a los circuitos eléctricos, llevó a la propia legislatura estadal, dominada por el chavismo, a sancionar una ley que obliga a Corpoelec a tomar responsabilidad por los daños comunitarios y domésticos que generan los frecuentes “bajones” de energía.

El capitán Córdova, seguramente bien informado de la clase de problemas que los marabinos enfrentan en esta dura crisis eléctrica, escuchó la explicación de los manifestantes. También les exhortó a no continuar bloqueando las vías y por radio reportó la “novedad” a su centro de comando.  A los vecinos les dijo que la gente de Corpoelec llegaría en breve, acompañada por el subsecretario de Seguridad Ciudadana, Mario Ruiz.

Una de los líderes de la protesta agradecía la gestión del militar y se quejaba con vehemencia  de la compañía estatal que preside el ministro de  Energía Eléctrica, Igor Gavidia: “No puede ser que cuando uno los llama para que vengan a ver un problema que es de ellos y que afecta a la comunidad, los de Corpoelec nos pidan 200 dólares y bolsas de comida para hacer su trabajo”.

Repentinamente, la luz volvió a las urbanizaciones de la zona en conflicto, salvo en las cuadras afectadas por la falla puntual. Unos pocos manifestantes se retiraron. Aunque los que quedaban accedieron entonces a despejar una de las calles, la protesta continuó mientras los agentes de la policía y de la GNB parecían alejarse del lugar.

Pero no se fueron del todo. A las 7.30 pm, cuando ya caía la noche, los guardias nacionales motorizados enfilaron a toda velocidad contra el centenar de personas congregadas a la entrada de El Naranjal. Disparaban perdigones, lanzaban gases lacrimógenos y perseguían a los manifestantes más jóvenes, quienes trataban de resistir la represión a pedradas. Carlos Miguel García Contasti, un muchacho de 20 años que vive en la calle 48B, fue detenido justamente al lado del poste F13M04, el del origen de la falla que condujo a la manifestación pacífica.

El episodio terminó en una cacería de vecinos que corrían horrorizados ante la agresividad de la Guardia Nacional Bolivariana. Muchos se escondieron agolpados tras la santamaría de una tienda de víveres; otros se lanzaban junto a una hilera de automóviles estacionados. La avenida 15J se llenó de los gritos y los ruidos de la represión.

Además de la detención del joven Carlos Miguel, a quien liberaron 24 horas después, el saldo de la protesta rota debido a la violencia de la GNB fue la frustración de los vecinos afectados por el desperfecto eléctrico. Nadie allí podía siquiera imaginar la clase de situación que vendría diez horas después, cuando el presidente encargado Juan Guaidó apareció desafiante, junto a un grupo de militares, encabezando lo que luego sería visto por el mundo entero como la fase insurreccional de la Operación Libertad.

La gente de la urbanización volvió a sus casas, sin luz y con las esperanzas en cero.

Dos días después, una residente llamó sin expectativa alguna a Corpoelec y le asombró el anuncio que le dieron: al mediodía del 2 de mayo, una unidad de atención técnica de Corpoelec llegaría a El Naranjal para solucionar el problema, que tenía a media comunidad totalmente fuera de la grilla eléctrica.

Y cumplieron. Hacia las 5.00 de la tarde ya se había terminado la reparación. Pero para comprobarlo, las 150 familias afectadas debieron esperar hasta la madrugada siguiente, cuando concluyó el lapso de racionamiento del servicio en la zona.

Todas las viviendas se iluminaron, menos cuatro. Alineadas en una vereda de la avenida 15L, estas casas en su mayoría son habitadas por ancianos cuyos hijos y nietos emigraron. Sus quejas solo tuvieron eco al día siguiente.

Ya la comunidad se había asegurado de darle una retribución a los cuatro técnicos de la compañía del Estado. Reunieron paquetes de alimentos en varias bolsas y se las entregaron. Pero nada de billetes verdes.

Donde sí habían logrado acordar un pago en moneda extranjera esos mismos trabajadores, fue en Isla Dorada, un conjunto residencial ubicado en el extremo norte de Maracaibo. Cinco de los diez edificios estaban sin luz por una falla parecida a la de El Naranjal.

Al terminar el trabajo en aquella urbanización, ese equipo de Corpoelec se dirigió a atender el problema de los 295 apartamentos afectados. Tan pronto llegaron al sitio fueron detenidos por agentes de inteligencia. Un habitante de esa comunidad, en desacuerdo con el pago ilegal –y además en dólares– por un servicio público, delató la extorsión.

La gente que esperaba ver superado un problema que los hacía víctimas de otro apagón sectorial dentro del gran apagón urbano, apeló a la ayuda del mismo funcionario que supuestamente intercedió en favor de los habitantes de El Naranjal: el subsecretario Ruiz. Hacia las 9.30 de la noche, la cuadrilla de Corpoelec regresó a Isla Dorada y en total oscuridad restableció la conexión.

A esas horas Diosdado Cabello felicitaba la sentencia del Tribunal Supremo de Justicia que ordena un antejuicio de mérito al vicepresidente de la Asamblea Nacional, diputado Edgar Zambrano, y acusaba conspirar en un fallido golpe militar contra Nicolás Maduro.

Cerca de las 10.00 pm, el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social cerraba su balance del 2 de mayo: manifestaciones y represión en 14 estados. Policías regionales y GNB, PNB, FAES, DGCIM acompañaban a los colectivos armados chavistas en el ataque a las multitudes que protestaban la dictadura en casi todo el país. Solo el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebín) escapaba de las menciones en los reportes de prensa y las redes sociales. Después de descubrirse que su director general cuestionó al régimen de Maduro en paralelo a la Operación Libertad, la policía política se presumía acuartelada.

Esa noche en Maracaibo, según la comunidad de Isla Dorada, fue el Sebin el que aprehendió a los cuatro trabajadores de Corpoelec señalados de recibir coimas a cambio de su trabajo de servidores públicos.

Por eso es que a los mismos residentes que iniciaron la protesta del lunes 29 de abril en El Naranjal y que luego se movilizaban para apoyar a sus vecinos de las cuatro casas todavía sin luz, les tocó otra espera larga. Los técnicos de Corpoelec estaban renuentes a atender llamados para reparar fallas locales luego del trago amargo de la detención.

Habían regresado a Isla Dorada horas después de ser liberados por órdenes del gobernador Omar Prieto, a su vez jefe del llamado “estado mayor eléctrico del Zulia”. La comunidad aun los esperaba y los recibió con vítores.

A El Naranjal, sin embargo, solo volvieron el sábado 4 de mayo sin tanto interés. Observaron la causa de la falla que mantenía a unos solitarios ancianos sin servicio eléctrico, pero al enterarse de la muerte del creador del angelito de Amparo, se marcharon al velorio y no regresaron.

Por Jesús Urbina

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