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El suplicio de ser peatón en el país donde se regala el combustible

Foto cortesía de María Fernanda Rodríguez para El Pitazo.

Los peatones que se movilizan en la ciudad de Mérida y municipios aledaños están sufriendo las consecuencias de una sustancial desmejora en el servicio de transporte público, que aún cuando se comenzó a manifestar el año pasado, evidenció su gravedad en el mes de agosto, al reactivarse las actividades académicas en la ciudad universitaria.

Los problemas de falta de repuestos, cauchos y el alto costo de los servicios de lubricantes se están presentando desde el año pasado, la flota de vehículos de las líneas de transporte venía mermando pero durante los meses de intensas protestas en los municipios Libertador y Campo Elías entre abril y julio, estas deficiencias no fueron tan notorias. En el mes de agosto con las instituciones educativas de todos los niveles cerradas ya se notaba un impacto en la movilidad y, naturalmente, el inicio de actividades académicas en una ciudad universitaria dejó en evidencia la gravedad del problema.

Según el relato de Eduardo, un estudiante que vive en Ejido, ciudad vecina a Mérida, para llegar a la Facultad de Economía en el conjunto La Liria a las 7 de la mañana, es preciso estar en la parada a las 5 y 20, hora en la que ya la unidades vienen al tope. Para regresar no es posible tomar el transporte desde cualquier parada que esté en la ruta entre las dos ciudades, se requiere ir a la parada principal ubicada en el centro de Mérida y hacer largas filas, con tiempos de espera promedio entre 50 y 90 minutos si es antes de las 5 de la tarde, después, la espera es mayor.

Quienes viven en sectores periféricos del municipio Campo Elías, como El Salado, enfrentan peores limitaciones para ir a sus actividades laborales y de estudio debido a que el servicio de transporte en El Salado Alto empieza a trabajar luego de las 6 y 30. En la parada principal de Ejido el tiempo de espera ronda entre 35 y 45 minutos, que sumado al tiempo del trayecto, suma unas dos horas y media. Es preciso entonces para algunos caminar desde El Salado hasta una parada más próxima a Ejido, en calles no aptas para peatones, sin suficiente iluminación y a merced de la delincuencia.

La señora Carmen, habitante de Aguas Calientes (también en el municipio Campo Elías) contó con pesar cómo debió salir de su casa caminando a las 4 de la madrugada para poder venir al Hipermercado Garzón, en la avenida Las Américas, a comprar harina de maíz a precio regulado. Logró llegar a las 6 y 15 de la mañana a su destino y esperó una hora, pero no alcanzó a comprar. Le tocó entonces regresar a una parada abarrotada a las 7 y 15 de la mañana, en la avenida Las Américas para subir al centro de Mérida y desde allá tomar su transporte a Ejido y luego a Aguas Calientes, lo que le significó otras tres horas.

En la ruta Santa Ana – Las Américas – Hechicera de Mérida la espera promedio en las paradas es de 45 minutos por lo que muchos deciden movilizarse caminando en ciertos trayectos, sobre todo los más jóvenes. El caso de las rutas cubiertas por la línea La Otra Banda, la situación del servicio es la misma: autobuses abarrotados de personas, jóvenes que exponen su vida colgando de las puertas de entrada y adultos mayores y estudiantes discriminados. Unos 20 testimonios corroboran que son ignorados por los choferes al intentar abordar la unidad y si finalmente lo logran, son maltratados verbalmente y físicamente por la forma errática de conducir que les ha ocasionado caídas dentro y al subir o bajar de las unidades.

Los transportistas denuncian severas dificultades para la adquisición de repuestos y lubricantes a lo que ahora también se añade las esperas de dos y tres horas para cargar combustible. María Fernanda Rodríguez de El Pitazo https://goo.gl/CNHCdS, reseña que la disminución en las unidades de transporte circulando es de 80%, no solo a causa de los vehículos inmovilizados por falta de repuestos, también porque varias unidades se han ido a otros estados con menos población estudiantil. Para el momento de escribir el informe, el pasaje urbano es de 600 bolívares tarifa en vigor desde el 1 de octubre sin autorización de la Alcaldía del Municipio Libertador, mientras que estudiantes y adultos mayores están pagando 300 bolívares. Al respecto, un comunicado publicado por los propios transportistas en las unidades de la Línea La Otra Banda afirma:

“El sector transporte vive la peor crisis económica jamás conocida (…) ¿Sabes que FONTUR solo cancela 47 bs. por estudiante y que cada día son más las personas de la 3era. edad que hacen uso del transporte sin ninguna compensación? Al día de hoy NO hay solución al problema del pasaje estudiantil, la proveeduría de repuestos desapareció…”

El reportaje de El Pitazo también informa sobre la disminución en la prestación de servicios del sistema de transporte masivo Trolebús y Trolcable, este último afectado por las fallas en el suministro eléctrico que ha paralizado el sistema en algunas ocasiones y a falta de funcionamiento de la planta eléctrica, ha sido preciso operar su mecánica de forma manual. Este sistema de transporte es administrado por la empresa de propiedad estatal Tromerca.

Un trabajador con salario mínimo que requiera pagar dos rutas urbanas diarias para llegar a su sitio de trabajo debe gastar alrededor de 50.000 bolívares mensuales, más el tiempo de espera en dos paradas cada mañana y cada tarde, más las esperas en cajeros y bancos para conseguir efectivo. Implica, pues, un altísimo costo colateral y una gran desventaja frente a quienes tienen vehículos propios y gozan del subsidio al combustible. En este contexto, se ha incrementado el ausentismo laboral y escolar, cuando no la deserción.

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