Lo costoso de ser pobre en Venezuela

Caracas 02.03.17 En la populosa Parroquia San José de Caracas, Caridad, una educadora de hace más de 25 años, vive con su hijo en una casa modesta de ese sector. Espera como toda la comunidad la tan ansiada bolsa de los alimentos y en su caso, por ser su hijo una persona con discapacidad, le prometió el Consejo Comunal que sería una de las primeras beneficiarias o compradoras en recibir los productos y así no someterse a la larga cola que se forman en las calles aledañas para retirar el combo.

Llega el día esperado y la promesa de entrega «inmediata» se quedó en ilusión. Tuvo que esperar por más de 2 horas la organización del Consejo Comunal para la entrega de la bolsa, haciendo ejercicio de su exigibilidad de derecho de protestar lo que en un principio le habían ofrecido.

Pasado el mal rato, en su hogar se dispone a revisar los alimentos. Caridad señala que los CLAP de producción nacional no tienen nada. Todos los productos que recibió son mexicanos, ecuatorianos y panameños. La bolsa estaba conformada en su totalidad por: 4 kg de arroz, 4 kg de pasta, 1 kg de leche en polvo, 4 latas de atún, 2 latas de sardina, 2 kg de harina, 1 salsa de tomate, 1 frasco de mayonesa, 1 litro de aceite, 2 kg de caraotas, 1 kg de azúcar y 2 kg de pasta corta por la suma de 10 mil Bs más 300 Bs de transporte. Segundo mal momento del combo alimenticio: los productos enlatados al consumirlos le produjo intoxicación y erupciones en la piel, que tuvo que curar con hierbas naturales dado que no hay antialérgicos en las farmacias.  Situación que nunca le había ocurrido con los productos que solía comprar y que eran de producción nacional.

Pasado unos días, y el mal trago, Caridad se dirige por las inmediaciones del Banco Central de Venezuela a trámites en una entidad gubernamental, cuando se percata de una gran movilización de container y gándolas, aproximadamente unas 6, con un gran equipo de oficiales de seguridad propios de la institución deteniendo el tránsito vehicular y peatonal. Situación que suele ser recurrente en la zona, dado el traslado de billetes al ente. La particularidad de este día, es que no era dinero el que se trasladaba, sino alimentos de producción nacional que iban a ser entregados a los empleados de la institución. Sorprendida e indignada señala lo caro que resulta en Venezuela no poder acceder a productos de calidad por no pertenecer a una ideología o contratación laboral. Por llevar el alimento a su hogar, Caridad así como muchos otros venezolanos, seguirá sometiéndose a los desmanes del Consejo Comunal y encomendarse a Dios para no padecer más malestares de salud por alimentos de baja calidad.

Lo costoso de ser pobre en Venezuela

Caracas 02.03.17 En la populosa Parroquia San José de Caracas, Caridad, una educadora de hace más de 25 años, vive con su hijo en una casa modesta de ese sector. Espera como toda la comunidad la tan ansiada bolsa de los alimentos y en su caso, por ser su hijo una persona con discapacidad, le prometió el Consejo Comunal que sería una de las primeras beneficiarias o compradoras en recibir los productos y así no someterse a la larga cola que se forman en las calles aledañas para retirar el combo.

Llega el día esperado y la promesa de entrega «inmediata» se quedó en ilusión. Tuvo que esperar por más de 2 horas la organización del Consejo Comunal para la entrega de la bolsa, haciendo ejercicio de su exigibilidad de derecho de protestar lo que en un principio le habían ofrecido.

Pasado el mal rato, en su hogar se dispone a revisar los alimentos. Caridad señala que los CLAP de producción nacional no tienen nada. Todos los productos que recibió son mexicanos, ecuatorianos y panameños. La bolsa estaba conformada en su totalidad por: 4 kg de arroz, 4 kg de pasta, 1 kg de leche en polvo, 4 latas de atún, 2 latas de sardina, 2 kg de harina, 1 salsa de tomate, 1 frasco de mayonesa, 1 litro de aceite, 2 kg de caraotas, 1 kg de azúcar y 2 kg de pasta corta por la suma de 10 mil Bs más 300 Bs de transporte. Segundo mal momento del combo alimenticio: los productos enlatados al consumirlos le produjo intoxicación y erupciones en la piel, que tuvo que curar con hierbas naturales dado que no hay antialérgicos en las farmacias.  Situación que nunca le había ocurrido con los productos que solía comprar y que eran de producción nacional.

Pasado unos días, y el mal trago, Caridad se dirige por las inmediaciones del Banco Central de Venezuela a trámites en una entidad gubernamental, cuando se percata de una gran movilización de container y gándolas, aproximadamente unas 6, con un gran equipo de oficiales de seguridad propios de la institución deteniendo el tránsito vehicular y peatonal. Situación que suele ser recurrente en la zona, dado el traslado de billetes al ente. La particularidad de este día, es que no era dinero el que se trasladaba, sino alimentos de producción nacional que iban a ser entregados a los empleados de la institución. Sorprendida e indignada señala lo caro que resulta en Venezuela no poder acceder a productos de calidad por no pertenecer a una ideología o contratación laboral. Por llevar el alimento a su hogar, Caridad así como muchos otros venezolanos, seguirá sometiéndose a los desmanes del Consejo Comunal y encomendarse a Dios para no padecer más malestares de salud por alimentos de baja calidad.

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