Naciones Unidas llama a garantizar el acceso humanitario en Venezuela

Lucha contra la corrupción, Noticias, Programas Sociales

La Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (Ocha) de la ONU estimó que en 2021 más de 7 millones de personas requerirían alguna forma de protección o asistencia humanitaria en el país, en tanto que Cáritas Internacional advierte sobre la vulnerabilidad de los desplazados y refugiados venezolanos

Transparencia Venezuela, 19 de agosto de 2021.   La pandemia por COVID-19 ha tenido un efecto devastador en la población mundial. El impacto ha sido mayor en los millones de desplazados y refugiados generados por las catástrofes y conflictos registrados en el último año. Venezuela es uno de los países en los que centra su atención la mayoría de los organismos internacionales responsables de proporcionar asistencia humanitaria. 

Esto es consecuencia de la Emergencia Humanitaria Compleja causada por la gran corrupción, y de la inestabilidad política y el colapso económico que han dado lugar al fenómeno migratorio sin precedentes en el continente americano, el segundo más grande de la actualidad. El éxodo representa 17% del total de la población migrante, solo superado por la crisis siria.

Las restricciones por la emergencia sanitaria constituyen un enorme desafío para el personal encargado de salvar vidas y aliviar el sufrimiento de la población afectada en territorio venezolano. Además, el país enfrenta una aguda escasez de combustible, que obstaculiza aún más el traslado de la ayuda a los rincones más apartados. 

No obstante, cientos de personas se han sumado a los esfuerzos impulsados por la comunidad internacional, entre agencias vinculadas con Naciones Unidas, como Acnur, Unicef, OMS y el programa mundial de alimentos; y la acción social de la iglesia católica (Cáritas); la Cruz Roja, la Media Luna Roja y más de 130 ONG nacionales y foráneas. 

Para facilitar su labor, el organismo hizo un llamado a garantizar el acceso humanitario y afirmó que trabaja “para seguir promoviendo espacios de diálogo y de confianza entre todas las partes, para fortalecer la acción humanitaria con base en sus principios y asegurar la protección de todo el personal humanitario”.

En primera línea

Este año, para conmemorar el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, el sistema de Naciones Unidas reconocerá la labor del personal humanitario en Venezuela y lanzará la campaña #RostrosHumanitarios, “con el fin de dar a conocer y poner en relieve la labor que realizan miles de personas que cada día facilitan ayuda a las poblaciones más vulnerables sin discriminación y sin fines políticos”.

El organismo multilateral anunció que este año fortaleció su operación en el terreno con más de 700 trabajadores. “La mayoría de estas personas, presentes en casi todos los estados del país, trabajan en primera línea en hospitales, ambulatorios, alojamientos temporales o en comunidades para asegurar el acceso a bienes y servicios básicos”, declaró Jan Harfst, Coordinador Residente de las Naciones Unidas en Venezuela.

Según el organismo, hasta junio de 2021, habían atendido a más de 2,1 millones de personas con algún tipo de asistencia en todos los municipios del país y movilizaron 279,4 millones de dólares para la respuesta humanitaria, cifra que supera los montos de 2020. Sin embargo, el Plan de Respuesta Humanitaria 2021, destinado a atender a 4,5 millones de mujeres, hombres, niños y adolescentes vulnerables, solo ha recibido de los donantes 83,9 millones de dólares, 11,8% de lo necesario. “En lo que resta del año, se seguirá abogando con los donantes para recaudar los US$708,1 requeridos para implementar el plan”, afirmó Harfst.

Los más vulnerables 

El desempeño de los trabajadores humanitarios y profesionales de la salud de todo el mundo durante la pandemia ha sido notable, ya que han tenido la responsabilidad de atender y brindar asistencia médica y sanitaria en 54 países donde la COVID-19 ha causado estragos. Esta labor es mucho más demandante no solo por la exposición al contagio, sino por los riesgos que enfrentan, en especial en zonas de desastres naturales (Haití), territorios en conflicto (Afganistán, Siria y Sahel) y países con inestabilidad política y económica (Ucrania, Líbano y Venezuela), así como en las regiones fronterizas en donde reciben refugio los desplazados y migrantes que huyen de las crisis en sus países de origen.

En el caso venezolano, organizaciones internacionales han advertido sobre el drama humano de los más de 5 millones de connacionales que han abandonado el país, la mayoría en condiciones de precariedad. Una de ellas ha sido Cáritas Internacional, que alertó sobre la vulnerabilidad de los desplazados y refugiados. 

Además de la labor de ayuda que realiza en suelo venezolano, la organización ha apoyado diferentes acciones de intervención en la región, con proyectos de acogida a las familias venezolanas e iniciativas de atención en las fronteras. “La inversión total en Colombia, Ecuador, Brasil y Venezuela en el último año para responder a esta crisis asciende a 1.571.846 euros”.

De igual modo, representantes de Cáritas han afirmado que, en los países de acogida, se proporciona a los refugiados más vulnerables acceso a la asistencia sanitaria, la educación y la atención psicosocial, junto con programas de integración social a mediano y largo plazo. 

Acciones urgentes

En 2020, 243,8 millones de personas en 75 países necesitaron una ayuda humanitaria imprescindible para paliar, al margen de la pandemia, las consecuencias de las desigualdades, los conflictos y catástrofes naturales. 

Pese a los esfuerzos emprendidos por la comunidad internacional para atender la crisis venezolana, las iniciativas de asistencia humanitaria han resultado insuficientes ante la magnitud del impacto de la pandemia, que agravó de forma exponencial la Emergencia Humanitaria Compleja que enfrentan la diáspora.

Ante esta realidad, es perentorio impulsar acciones urgentes para brindar asistencia a las personas desplazadas, refugiadas, migrantes y a toda la población que ante la pandemia se encuentra más vulnerable y garanticen la defensa de sus derechos humanos y la protección de los trabajadores humanitarios que ponen en riesgo sus vidas para ayudar a otros. 

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